El precio del caos

El precio del caos

¿Qué precio hay que pagar por vivir inmersos en el caos? El desorden, la acumulación de asuntos pendientes, la falta de organización… ¿cuánto nos cuesta?
Durante unos meses me he dejado engullir por el caos. Dejé de actualizar mi sistema de organización y se volvió inútil. Lo hice conscientemente y no lo voy a negar, he disfrutado del caos. Una vez lo asumí, encontré la forma de saborear esa sensación de no tener seguridad sobre qué hacer.
Quizás, el saber que era una situación temporal, que terminaría en el momento en que decidiese volver a mi estado, ya natural, me ha ayudado a percibir el aroma de la despreocupación.
Estos meses me han ayudado a tomar consciencia de en qué fallo, qué es lo que me hace desvanecer cuando las cosas se complican, qué es lo que sobra, por dónde puedo simplificar.
Me ha servido, sí. He exprimido el caos de la forma que he querido. Pero también he pagado un precio: proyectos paralizados, compromisos olvidados, distracciones continuas… Si pudiera cuantificarlo, ¿cuál sería su valor?
Y esto me ha hecho pensar… ¿cuánto pierden las personas que viven permanentemente en el caos?, ¿y las organizaciones repletas de estas personas?, ¿cuánto perdemos como sociedad?
No sé, será el caos… o tal vez las altas horas de la madrugada… Mejor, no pensemos, disfrutemos del caos… hasta que dejemos de hacerlo, ¿o será ya demasiado tarde?

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