Innovación y gestión de personas en el sector público | Rafael Jiménez Asencio

INNOVACIÓN Y GESTIÓN DE PERSONAS EN EL SECTOR PÚBLICO – Estudiconsultoria

La innovación en la Administración Pública es más necesaria que nunca. Para fomentarla, Rafael Jiménez Asencio señala, como uno de los elementos fundamentales, contar con un núcleo de emprendedores dentro de la organización.

En este momento en el que la sociedad del conocimiento y la adaptabilidad permanente a los cambios vertiginosos es una absoluta necesidad existencial de cualquier organización, el sector público se muestra –por emplear una expresión de Paco Longo- como “agua estancada”. Todo lo más se echa mano (con fuerte carga retórica) de las grandes “reformas administrativas”, que se configuran esencialmente como un conjunto de medidas contingentes que tienen por finalidad última ahorrar gasto público. Sin embargo, la política de ajuste no es reforma. Lo importante ahora (lo “urgente” si se quiere), en esta compleja etapa que se inauguró con el siglo XXI (realmente a partir de 1989), no es tanto reformar o “modernizar”, expresiones ambas muy gastadas, sino Innovar. Se habla mucho de “modernizar o reformar” las Administraciones Públicas y poco de Innovar.

Pero, ¿qué es la innovación? La práctica totalidad de los autores que se han ocupado de este tema coinciden en que la Innovación es una práctica sistemática. Dicho de una manera más gráfica: la innovación no es una “ocurrencia”. Requiere sobre todo una personalidad emprendedora (o un grupo de emprendedores) que lidere ese proyecto. Y es aquí donde comienzan los problemas en su traslación al sector público. Sin entornos institucionales favorables (políticos y organizativos) emprender se convierte en una tarea hercúlea.

Peter Drucker hace ya algunos años identificó que el origen de la innovación estaba en el análisis de nuevas oportunidades. También nos dijo que “para ser eficaz una innovación tiene que ser sencilla y concreta”, lo que implica trabajar en un solo terreno o evitar la dispersión: concentrar esfuerzos en objetivos alcanzables. Porque, efectivamente, “la innovación es más hija del trabajo que del genio”. Como nos recordaba Drucker, la Innovación requiere saber, inventiva, trabajo duro, concentrado, sentido, esfuerzo y entrega.

Además, como nos recuerda Larrea, la innovación requiere una transformación o ruptura con lo existente, o si se prefiere en términos de Schumpeter una “destrucción creativa”, que busca sobre todo resultados (no hay innovación si no hay resultados). Innovar puede hacerlo tanto una organización de tamaño enorme como una muy pequeña.

Pero tal vez haya sido Gary Hamel el que ha puesto más en valor la Innovación como uno de los ejes tractores de las organizaciones del futuro. Este “gurú” del Management reconoce que sin innovación permanente (adviertan el calificativo) el éxito es efímero, pues la innovación es la única estrategia para crear valor a largo plazo. Este mismo autor pone de relieve la imbricación existente entre Innovación y Adaptabilidad. La imperiosa necesidad de adaptación de nuestras organizaciones públicas a un contexto que cada vez resulta más complejo y variable exigen ineludiblemente una apuesta decidida por la Innovación como política estratégica.

En fin, el hecho cierto es que la Innovación no termina de arraigar en las Administraciones Públicas. El contexto y las jerarquías formales no ayudan. […] Poco se conseguirá realmente en otros campos si no se aborda una innovación efectiva en la gestión de las personas en las organizaciones públicas.

Introducir la Innovación en la Política de Recursos Humanos en el sector público es una necesidad inaplazable. La Política debe internalizar sinceramente su necesidad y liderar o fomentar su uso sistemático. A los “emprendedores públicos” hay que crearles incentivos y entornos favorables, mientras que a los empleados públicos hay que sumarles en el proyecto y buscar su compromiso y complicidad. También hay que romper inteligentemente el inmovilismo sindical frente a la innovación.

En fin, para innovar solo se necesita (aunque no es poco) la confluencia de cuatro elementos: un contexto favorable (marco de oportunidades y alineamiento entre Política y Gestión); un buen diagnóstico; un Núcleo de Emprendedores (o de Innovadores internos) y Compromiso con la sostenibilidad o permanencia en la aplicación de estas Políticas. En ello va el futuro del sector público. La disyuntiva es obvia: transformación o enquistamiento.

Te recomiendo la lectura del artículo completo (7 pág.).

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