conferencia: la administración que se espera para después de la crisis

MatruskaCon este título tan provocador, no podía perder la oportunidad de asistir a la conferencia que Carles Ramió impartía en mi Universidad (la Pablo de Olavide).


Solo conocía a Carles a través de los post que Iñaki y Alberto, nuestros amigos de Administración en Red, publicaron hace algún tiempo. Y eso ya era motivo suficiente para despertar mi interés por escuchar en vivo a quien tanto había impresionado a mis gurús.

Poco antes de entrar en la conferencia, Álvaro Ramírez-Arujas me facilitaba via Twitter el working paper sobre el tema de la conferencia. Aunque no pude leerlo hasta terminada ésta.

redmatriz

redmatriz@davidrjordan Estimado acá va el working paper sobre el tema que Carles Ramió publicó el año pasado a través de @GIGAPP http://t.co/4J94hR4a

La conferencia no ha defraudado, tanto por la fluidez y claridad de ideas de Carles Ramió (no utilizó ni un PobrePoint, ni un solo papel durante su exposición), como por la coherencia y profundidad de las ideas planteadas.

Resumo esquemáticamente a continuación las ideas expuestas, pero si el tema te interesa te recomiendo la lectura del paper completo (pdf, 14 págs.).

La Administración que se espera para después de la crisis

La actual crisis poco tiene que ver con la Administración Pública. Sin embargo la opinión pública situa al sector público en el ojo del huracán.

La crisis cambiará pocas cosas. Pero probablemente una de ellas será la Administración tal y como hoy la conocemos. Poco a poco ya se están llevando a cabo cambios puntuales sin el necesario debate sobre los verdaderos problemas de la Administración Pública.

El análisis de los problemas que atañen a la Administración puede asimilarse a una matruska, en el que cada capa oculta las más profundas. Las críticas de la opinión pública sólo se quedan en la primera capa.

1ª capa: La Administración tiene problemas físicos de carácter sexual

el tamaño importa

¿Es la Administración Pública española demasiado larga?  En otras palabras, ¿la estructuración de nuestras Administraciones Públicas en niveles Estatal, Autonómico y Local es excesiva? Comparativamente tenemos el mismo esquema que los países más desarrollados de nuestro entorno.

¿Habría que cargarse las Diputaciones? Últimamente se ha puesto el punto de mira en las Diputaciones, pero éstas prestan un servicio a los municipios pequeños que difícilmente podrían prestar Administraciones de otro nivel. Se desvía el debate esquivando el verdadero problema: el minifundismo local. La fusión de Ayuntamientos sí podría traer economías de escala. El problema es poliédrico con implicaciones sociales, políticas, de management…

¿Es la Administración demasiado gorda?  En otras palabras, ¿sobran empleados públicos? España tiene aproximadamente 3 millones de empleados públicos. Con esta cifra está en la media baja de la UE15 (menos empleados públicos por habitante que la media de los países más desarrollados de la Unión Europea). Como ejemplo, Gran Bretaña, después de 25 años de recortes neoliberales al sector público, está por encima de España.

Es cierto que en los años anteriores a la crisis de 2008 se ha incrementado el número de empleados públicos a un fuerte ritmo, lo que facilita la percepción distorsionada de la opinión pública. Pero este incremento de las plantillas se ha justificado principalmente con el aumento en la demanda de servicios públicos por encima de las estimaciones, ya que éstos fueron diseñados hace 20 años con una previsión de 40 millones de habitantes en 2010, cuando en ese año España superó los 46 millones de habitantes censados (47 millones reales).

2ª capa: La Admnistración tiene problemas psíquicos

La primera capa, la visible por la opinión pública, oculta una segunda capa más importante para conocer los verdaderos problemas de nuestras Administraciones Públicas: la mala calidad de la cultura política y la cultura administrativa.

La mala cultura política favorece el que nuestros políticos vean a los empleados públicos como un obstáculo que deben superar para desarrollar sus programas, en vez de como lo que son: el instrumento a través del cual se pueden ejecutar sus políticas.

ningún partido político plantea de forma estratégica qué hacer con la Administración

Esta mala cultura generalizada se ve claramente al comprobar cómo ningún partido político plantea de forma estratégica qué hacer con la Administración. Así se dan, por ejemplo, casos de externalizaciones de servicios públicos sin correlación con la ideología política de los gobiernos.

el inexperto dirije al experto

Por otro lado, la mala cultura administrativa ha permitido que los empleados públicos hayamos ido maximizando nuestros derechos al tiempo que minimizábamos nuestras obligaciones. Se echa en falta un mayor dinamismo profesional que además se ve acuciado por la paradoja que se da en nuestro sistema: “el inexperto dirije al experto”; esto es lo que sucede cuando al frente de una institución pública se pone a un político sin experiencia en el ámbito de actuación.

En 2007 se aprobó el Estatuto Básico del Empleado Público, en el que se creaba la figura del Directivo Público. Pero a día de hoy, nadie se ha atrevido a regular la Dirección Pública Profesional, imprescindible si de verdad queremos vencer las malas culturas política y administrativa.

Un buen directivo público debería caracterizarse por tres aspectos:

  1. Plantear un proyecto sólido y claro para la institución, buscando la complicidad de sus profesionales.
  2. Saber gestionar personas.
  3. Ser capaz de relacionarse de forma positiva (comunicar, negociar, representar…).

sólo ser padre y ser funcionario es para toda la vida

Sin embargo, ni dándose las condiciones óptimas en una institución pública se consigue obtener el 100% de rendimiento del equipo. ¿El motivo? Buena parte de los empleados públicos maneja cuatro agendas: la profesional (trabajo propio de su puesto); la para-profesional (muy común en puestos de alta cualificación; ponencias, asesoramiento, clases…); la familiar (conciliación de la vida personal, familiar y laboral); y la más particular y peculiar, la familiar-institucional. Esta última se refiere a los fuertes lazos de filiación o fobia que genera la estabilidad de las plantillas.

La baja productividad del sector público es una de las críticas más frecuentes. Por mucho que se pueda cuestionar esta percepción generalizada hay un dato objetivo que pone de evidencia esta crítica:

  • Los empleados públicos españoles trabajamos entre 150 y 200 horas menos que los empleados del sector privado.
  • Los empleados públicos españoles trabajamos entre 150 y 200 horas menos que los empleados públicos alemanes.

[Si me sigues habitualmente sabrás que para mí el presencionalismo no es para nada equivalente a productividad, pero es cierto que a menos horas de trabajo menos posibilidades de conseguir el mismo volumen de resultados. La productividad es mucho más que horas de trabajo]

hemos conseguido disponer de servicios públicos de primera calidad con culturas anquilosadas

Sin embargo, a pesar de estos ingredientes, se ha conseguido cocinar el milagro español:  hemos conseguido disponer de servicios públicos de primera calidad con culturas anquilosadas. Si esto se ha logrado es gracias al factor humano. Y es que no hay que olvidar que la gran mayoría de los empleados públicos lo son por vocación.

El problema de la Administración es que tiene una mala gestión del amor. El amor, como bien sabes, es cosa de dos. Pero el amor a la Administración es como tener una relación con un autista; no hay feedback. Además, el amor tiene el peligro de que es un sentimiento que fácilmente se convierte en odio, lo que da lugar a no pocos empleados públicos que siente verdadera fobia hacia su institución.

3ª capa: los problemas de la Administración son reflejo de la sociedad

Si la segunda capa pone de evidencia un sistema público en el que falla la cultura política y falla la cultura administrativa es que hay un problema más grave y que está en el seno de la sociedad española: la mala cultura cívica respecto a las Administraciones Públicas. No hay que olvidar que tanto políticos como funcionarios salen y forman parte de la propia sociedad.

Los españoles somos “burófabos” basándonos en clichés del siglo XIX. Ante una encuesta de opinión a nivel general, la media de los españoles calificará muy mal a la Administración Pública. Sin embargo, si se pregunta por servicios públicos concretos que se acaban de recibir los españoles nos mostramos “burófilos“, valorándolos maravillosamente bien. Y ello es quizás debido a que las Administraciones Públicas españolas son, en realidad, de las de mayor reconocimiento internacional, prestando unos servicios de calidad por encima de la media europea.

Los problemas representados por cada matruska llevan mucho tiempo instaurados en nuestras Administraciones. Si a ello le sumamos una crisis económica y financiera desconocida hasta 2008, con capacidad para transformar nuestro sistema administrativo, se forma un polvorín a punto de estallar con consecuencias que con seguridad serán lamentables.

A la bomba de la percepción negativa de lo público, la bomba de la mala cultura política y la mala cultura administrativa y la bomba de la mala cultura social, se le suman al fragor de la crisis dos nuevas bombas:

  1. Los ataques del empresariado al sector público con la excusa de que éste es un lastre para la mejora de la productividad nacional.
  2. Un repentino interés de los medios de comunicación por la situación los escenarios futuros de la Administración Pública, con un tratamiento frívolo y poca lealtad institucional.

No hay que perder de vista que, con una economía colapsada y unos márgenes mínimos, la prestación de los servicios públicos por medios privados puede ser un apetitoso bocado. Tampoco que los principales medios de comunicación pertenecen a grandes holdings empresariales.

¿Cuál es el resultado más probable de este polvorín? Que terminemos con una Administración Pública anoréxica que puede conllevar, de facto, un cambio del modelo de Estado (bye, bye, Estado del Bienestar).

¿Qué se puede hacer?

A estas alturas, poco. Pero desde luego, quienes formamos parte de las Administraciones Públicas lo peor que podemos hacer es seguir avivando la mala cultura administrativa. Acerrarnos a nuestros derechos (que desde fueran llaman “privilegios”) es cerrar los ojos ante la verdadera situación.

se garantice que no se moverá un ápice el modelo público.

Una buena cultura administrativa admitiría que son inevitables los recortes en nuestras condiciones laborales, siempre y cuando se garantice que no se moverá un ápice el modelo público.

Reconozcámoslo, es tarde para ponernos a dieta. Ya no hay forma de evitar la cirugía. En nuestras manos está que la cirugía se haga bien o, que por el contrario, la operación se haga con los criterios del mercado.

2 posibles estrategias para la cirugía

  • Pagar menos por el mismo trabajo: bajada de sueldos (modelo catalán). Lo que desmotiva a los empleados públicos y desprofesionaliza los servicios (los profesionales pueden buscar compensar la bajada de ingresos abandonando la dedicación exclusiva a la Administración).
  • Hacer trabajar más: incremento de la jornada (modelo madrileño). Lo que facilita no mantener al personal interino y temporal. En plantillas envejecidas, los interinos suelen ser los más jóvenes y actualizados. Su salida de la Administración puede empeorar los servicios públicos (por ejemplo, los maestros interinos pueden ser de los mejores preparados en TICs e idiomas).

La mejor opción sería plantear una cirugía fina con las 2 estrategias combinadas. Una cirugía que condujera hacia una evolución del modelo hacia una Administración en Red. ¿Te suena?

Hasta aquí mis notas sobre la conferencia de Carles Ramió. Ahora es tu turno. ¿Qué opinas?, ¿crees que hay otra salida?, ¿se te ocurre otra estrategia? Animemos el debate en los comentarios 😉

4 pensamientos en “conferencia: la administración que se espera para después de la crisis

  1. Estupenda crónica David, ya estoy leyendo el paper para ahondar en las ideas de Carles Ramió, que son muchas y muy interesantes (coincido en casi todas).

    Adelgazarán la Administración por donde más fácil les sea, no por donde se consigan mejores resultados. Una pequeña parte de culpa la tenemos nosotros, sus trabajadores, por implicarnos poco en la mejora de los servicios, sí ya se que algunos lo intentan, pero hay que hacerlo con más fuerza, y sobre todo en mayor número.

    Dicen que las crisis son una oportunidad, pero como no andemos con ojo esta oportunidad pasará, pasará a convertirse en una pesadilla.

    Estos problemas se arreglan con ganas, y ganas veo muy pocas. Tanto por parte de la cultura política como de la administrativa. Hay mucha dejadez, dejadez que se aprovecha ahora para quitarse de en medio la Administración, que es lo que algunos pretenden. Algo totalmente opuesto a buscar su eficacia y eficiencia.

    Por ello iniciativas como la del manual me parecen muy importantes. Si nosotros no cuidamos de nuestra formación, creo que por ahora, nadie lo hará.

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    • Gracias por tu comentario Antonio.
      Efectivamente, hacen falta ganas y los que las tenemos debemos contagiar a los demás. Tenemos que abrir los ojos a nuestros colegas; no se dan cuenta que lo que está en juego no es si nos rebajan el sueldo X o Y, o si nos amplían la jornada Z horas? Lo que está en juego es el futuro de la administración, y con ella el futuro de los Servicios Públicos y el modelo de Estado.
      El Manual creo que puede ser un instrumento fabuloso y que está a nuestro alcance. No podemos permitisnos dejar caer la idea en saco roto.
      Nos leemos 😉

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  2. David: la crónica de la conferencia me sugiere muchos comentarios. Por lo que comentas, en la conferencia se hizo un repaso a los grandes problemas de las aapp en nuestro país. En mi comunidad autónoma (Castilla-La Mancha) en los últimos meses, estamos “sufriendo” los funcionarios un retroceso brutal en cuanto a nuestros derechos y condiciones de trabajo. Los recortes son exagerados y la política de fustigar al funcionario parece uno de los grandes objetivos de nuestro gobierno regional.

    Estoy de acuerdo contigo en que el aumento de la jornada de trabajo no garantiza incremento de la productividad. No por estar más tiempo en el puesto de trabajo se hacen más cosas. Al contrario. Se obtienen resultados contrarios a los esperados, debido sobre todo, a la desmotivación del trabajador. Se intenta gestionar la administración del siglo XXI con métodos del XIX.

    Realmente, los gestores no han entendido nada. Vamos justo en sentido contrario al que deberíamos caminar. ¿Para cuando la administración en red? ¿para cuando la profesionalización de equipos directivos? ¿para cuando la participación del ciudadanos y trabajadores en la co-gestión de servicios? ¿Para cuando la organización horizontal de las aapp?

    Son demasiados “para cuando” sin respuesta. Por eso creo firmemente que el cambio en la administración vendrá desde abajo y desde dentro (es decir, provocado por los funcionarios públicos) o no vendrá nunca.

    Por cierto, felicidades por la crónica.

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    • Estoy contigo Juanjo. Como no impulsemos la evolución del sistema desde abajo, a lo único que llegaremos es a que vayan dejando los servicios públicos cada vez más raquíticos. Pero para ello debemos conseguir que nuestros colegas asuman esta necesidad de evolucionar, y que se abandone la postura de agarrarnos a nuestro ‘estatus’ como única reivindicación. Para conseguir evolucionar hacia una Administración en red es necesario primero tener unos funcionarios capacitados para el trabajo en red. Si esperamos que los planes de formación cumplan esta función vamos habiados; y más después del sablazo que se ha pegado en los Presupuestos. El Manual que queremos impulsar desde el grupo de INprendedores Públicos cobra todo su sentido en este contexto. Gracias por pasar por aquí. Nos seguimos leyendo (y colaborando) 😉

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