el coste de exprimir

Exprimiendo un limón [feb 20]Ayer asistí a una sesión formativa organizada por la Agencia Andaluza de Evaluación (AGAE) en la que responsables de la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación (ANECA) explicaron el funcionamiento de la nueva aplicación informática del Ministerio de Educacion para la tramitación de las solicitudes de verificación de los nuevos Títulos oficiales universitarios. La experiencia merece un mini-post improvisado a vuelapluma (o mejor dicho, a vuela-iPhone).
En primer lugar me llamó la atención la escasa antelación con la que se convoca una acción formativa a la que deben asistir representantes de todas las Universidades Andaluzas; el viernes me avisan para ir el lunes a Córdoba.
Llama la atención también que se organice una sesión formativa sobre el uso de una plataforma que ya estamos utilizando con solo 2 semanas de antelación a que termine el plazo dado para culminar todo el proceso.
Pero me llama la atención, aun más si cabe, que en la sesión formativa no solo estábamos presentes técnicos, sino que además también asistían algún que otro Vicerrector y varios Decanos de Facultad. Y no asistían por enriquecer sus ya bien engrosados curriculums, sino que estaban allí porque también tienen que utilizar la herramienta.
¿Cuanto cuesta una hora de trabajo de un Catedrático? ¿Y la de un Decano? ¿Se ha parado alguien a calcular el coste que tiene sobre-exprimir los escasos recursos con los que contamos?
Ya lo comentaba con el Decano con el que viajaba: estos sistemas tienen una curva de aprendizaje muy pronunciada al inicio. ¿Nadie se da cuenta de que descentralizar determinados procesos incrementa el coste (tiempo) total? Vale, la situación aprieta. La crisis todo lo justifica. No se puede generar empleo. El canasto hay que hacerlo con los mismos mimbres de que disponemos. Pero, ¿se ha parado alguien a calcular si el coste de contratar un técnico es verdaderamente mayor al coste de las horas dedicadas por cada uno de los decanos, vicedecanos, directores y demás “peces gordos” a realizar labores puramente técnicas?
¿Y el coste de la improvisación? ¿Cuánto tiempo se ha malgastado en pelearse con la aplicación un buen numero de personas con nominas no son precisamente mileuristas? ¿No habría sido más lógico organizar la sesión formativa al inicio del proceso?
Y para terminar, ¿cuál será el coste de exprimir más y más a determinadas personas sobre cuyos hombros se [sobre]carga tal volumen de proyectos encadenados que impide avanzar al resto de la organización?
Vale, sí, hoy he dejado mi optimismo en el zapatero; pero es que está por los suelos.
Prometo revisar los errores de redacción o borrar esta entrada; de momento aquí lo dejo.

Foto: JavierPsilocybin en Flickr

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