vacaciones y GTD

Hoy es 29 de septiembre, día de huelga general en España. Y yo hago huelga. No voy a explicar aquí cuales son mis motivos para sumarme a la jornada reivindicativa, sólo comentaré, como he dicho por Twitter, que no podía quedarme sentado en mi despacho, siguiendo con mi rutina de trabajo, un día en el que se protesta por el desmantelamiento del modelo de Estado de Bienestar que yo había heredado, y que mis hijas no conocerán. No quería sentirme cómplice de las reformas que se están llevando a cabo, no sabría cómo explicárselo después a mis hijas.

Pero he querido aprovechar este día de huelga, en el que no voy a trabajar, para reiniciar la actividad en el blog. Actividad que había quedado en “stand by” desde hace ya más de dos meses.

Poco antes de las vacaciones, leí un artículo de Daniel Aguayo en El Canasto en el que planteaba que “cuando hagas las cosas de forma distinta harás reajustes en tu pensamiento”. Como en todo esto soy un aprendiz, lo que hago es que cuando leo algo que me resulta interesante y lógico intento ponerlo en práctica. Y eso hice en esta ocasión. Se me ocurrió que podía aprovechar las vacaciones para cambiar los hábitos, probar cosas distintas y desconectar.

Ya tenía decidido estar durante las vacaciones en modo off. Porque la web 2.0 tiene muchas ventajas, pero también algún inconveniente. Y para mí el fundamental es que, sin darte cuenta te enganchas. Es fácil que, si no estableces unos límites, te pases varias horas al día navegando, leyendo, comentando, conversando. Horas que posiblemente estés “robando” a otras áreas de responsabilidad de tu vida personal. Pues, como te decía, yo había decidido pasar las vacaciones off, y dedicar mi tiempo única y exclusivamente a mi familia.

Pero después de leer el artículo que te comentaba decidí que, a la vuelta de las vacaciones, cuando retomara la rutina, pondría en cuarentena mis hábitos. ¿De verdad todo lo que tengo costumbre de hacer me aporta algo?, ¿me suma o me resta valor añadido? No sé si a ti te habrá pasado, pero yo a veces tengo la sensación de que me embarco en cosas, a las que tengo que dedicar un tiempo precioso, y que se van incardinando en mi rutina, sin pensar qué me está realmente aportando.

Así que he probado a eliminar de mi rutina, durante este tiempo, las actividades que no tenía certeza de que me aportaran algo; entre ellos este blog. Y he esperado a ver qué sentía conforme iban pasando los días. Umm! Me ha gustado la experiencia. Es curioso cómo el mismo cuerpo te va pidiendo que vuelvas a hacer algunas cosas que ya tenía costumbre de hacer. Sientes el “mono”. Y lo bueno es que al retomarlo lo haces de nuevo con ilusión, con energías renovadas.

Pero, claro, este experimento lo puedes hacer en la faceta personal de tu vida. En el trabajo, en tu faceta profesional, hay actividades de tu rutina que no puedes dejar en cuarentena. Las vacaciones se terminan y desde el primer día que vuelves al “curro” tienes que recuperar tu actividad. El periodo comprendido entre los últimos días de las vacaciones y los primeros de retorno al trabajo ha sido siempre para mí un poco especial. Después de casi un mes sin pasar por la oficina, en la antesala de la vuelta, no podía evitar que se me vinieran a la cabeza algunos de los “marrones” que me esperaban. Después venía el estrés por intentar ponerme al día. Una sensación de inseguridad me envolvía, ¿tenía bajo control todos los asuntos pendientes? Tengo mala memoria, lo sé. Y eso me hacía sentir continuamente que se me escapaba algo.

Este año ha sido el primero en que volvía de las vacaciones aplicando el método GTD. Ya de por sí los días previos a las vacaciones, los últimos día de trabajo, había notado los beneficios de GTD. Si eres como yo era antes, los últimos días previos a las vacaciones querrás dejarlo todo atado. Empezarás a repasar todo lo que tienes pendiente, a clasificar y anotar cosas para recordarlas a la vuelta… y sentirás que te has pegado un atracón de trabajo en el que, sin darte cuenta, habrás conseguido hacer algunas cosas que llevaban semanas, o incluso meses, pendiente. Pues este año yo no he necesitado hacer esto. ¿Por qué? Porque esta es prácticamente la rutina habitual de trabajo con GTD. David Allen, en su libro que da nombre al método, se pregunta si no sería bueno trabajar todos los días como se trabaja los días previos a las vacaciones. ¿No te gustaría tener a diario la sensación de que la jornada te ha cundido? A mí, al menos, me da un “subidón” cada vez que tengo esa sensación. Pero lo mejor es que no he tenido que hacer ningún esfuerzo extra antes de irme de vacaciones. Nada de estrés. Las cosas ya estaban bajo control en mi sistema de gestión personal.

¿Y a la vuelta de las vacaciones? Pues lo mismo, todo estaba bajo control. Tenía perfectamente localizadas las tareas pendientes, sabía qué “marrones” había que resolver y para cuándo. Y mi mente ha sido en todo momento consciente de ello. No he sufrido ni un solo “flash” de trabajo durante los días de ocio. Las vacaciones han sido todas, desde el primer al último día, para las actividades que yo había decidido, sin que lo que me esperaba en el trabajo se me viniera a la cabeza. Nada de estrés, ni “depre” postvacacional, ni cosas de estas que suelen escucharse en el mes de septiembre. El primer día de trabajo hice “clic” en mi mente, abrí mi agenda y mi lista de próximas acciones y listo!… modo on.

Sí que es verdad que, después de un mes con el ritmo cambiado, las energías se agotan con más facilidad a lo largo del día. Pero lo bueno es que ahora, con GTD, decido a qué me dedico en los momentos en que estoy “por los suelos”. Y es que esta es otra de las cosas que me gustan del método. La energía que tengas en cada momento es uno de los criterios para decidir qué haces.

Pero no te creas que GTD me gusta sólo porque me haya eliminado estrés laboral. En la faceta de mi vida personal es quizás en la que más estoy notando los beneficios de este método. Sé a qué cosas le quiero dedicar tiempo y a cuáles se lo dedicaré más adelante. No olvido realizar algunas compras cuando estoy cerca de la zona en la que se encuentra la tienda a donde tengo que ir. Y estoy consiguiendo hacer cosas que desde hacía años me había dicho “a ver si algún día puedo…”. El “a ver si…” está desapareciendo de mi vida.

¿Y a ti, te domina el “a ver si…”?

Hoy es 29 de septiembre, día de huelga general en España. Y yo hago huelga. No voy a explicar aquí cuales son mis motivos para sumarme a la jornada reivindicativa, sólo comentaré, como he dicho por Twitter, que no podía quedarme sentado en mi despacho, siguiendo con mi rutina de trabajo, un día en el que se protesta por el desmantelamiento del modelo de Estado de Bienestar que yo había heredado, y que mis hijas no conocerán. No quería sentirme cómplice de las reformas que se están llevando a cabo, no sabría cómo explicárselo después a mis hijas.

Pero he querido aprovechar este día de huelga, en el que no voy a trabajar, para reiniciar la actividad en el blog. Actividad que había quedado en “stand by” desde hace ya más de dos meses.

Poco antes de las vacaciones, leí un artículo de Daniel Aguayo en El Canasto en el que planteaba que “cuando hagas las cosas de forma distinta harás reajustes en tu pensamiento”. Como en todo esto soy un aprendiz, lo que hago es que cuando leo algo que me resulta interesante y lógico intento ponerlo en práctica. Y eso hice en esta ocasión. Se me ocurrió que podía aprovechar las vacaciones para cambiar los hábitos, probar cosas distintas y desconectar.

Ya tenía decidido estar durante las vacaciones en modo off. Porque la web 2.0 tiene muchas ventajas, pero también algún inconveniente. Y para mí el fundamental es que, sin darte cuenta te enganchas. Es fácil que, si no estableces unos límites, te pases varias horas al día navegando, leyendo, comentando, conversando. Horas que posiblemente estés “robando” a otras áreas de responsabilidad de tu vida personal. Pues, como te decía, yo había decidido pasar las vacaciones off, y dedicar mi tiempo única y exclusivamente a mi familia.

Pero después de leer el artículo que te comentaba decidí que, a la vuelta de las vacaciones, cuando retomara la rutina, pondría en cuarentena mis hábitos. ¿De verdad todo lo que tengo costumbre de hacer me aporta algo?, ¿me suma o me resta valor añadido? No sé si a ti te habrá pasado, pero yo a veces tengo la sensación de que me embarco en cosas, a las que tengo que dedicar un tiempo precioso, y que se van incardinando en mi rutina, sin pensar qué me está realmente aportando.

Así que he probado a eliminar de mi rutina, durante este tiempo, las actividades que no tenía certeza de que me aportaran algo; entre ellos este blog. Y he esperado a ver qué sentía conforme iban pasando los días. Umm! Me ha gustado la experiencia. Es curioso cómo el mismo cuerpo te va pidiendo que vuelvas a hacer algunas cosas que ya tenía costumbre de hacer. Sientes el “mono”. Y lo bueno es que al retomarlo lo haces de nuevo con ilusión, con energías renovadas.

Pero, claro, este experimento lo puedes hacer en la faceta personal de tu vida. En el trabajo, en tu faceta profesional, hay actividades de tu rutina que no puedes dejar en cuarentena. Las vacaciones se terminan y desde el primer día que vuelves al “curro” tienes que recuperar tu actividad. El periodo comprendido entre los últimos días de las vacaciones y los primeros de retorno al trabajo ha sido siempre para mí un poco especial. Después de casi un mes sin pasar por la oficina, en la antesala de la vuelta, no podía evitar que se me vinieran a la cabeza algunos de los “marrones” que me esperaban. Después venía el estrés por intentar ponerme al día. Una sensación de inseguridad me envolvía, ¿tenía bajo control todos los asuntos pendientes? Tengo mala memoria, lo sé. Y eso me hacía sentir continuamente que se me escapaba algo.

Este año ha sido el primero en que volvía de las vacaciones aplicando el método GTD. Ya de por sí los días previos a las vacaciones, los últimos día de trabajo, había notado los beneficios de GTD. Si eres como yo era antes, los últimos días previos a las vacaciones querrás dejarlo todo atado. Empezarás a repasar todo lo que tienes pendiente, a clasificar y anotar cosas para recordarlas a la vuelta… y sentirás que te has pegado un atracón de trabajo en el que, sin darte cuenta, habrás conseguido hacer algunas cosas que llevaban semanas, o incluso meses, pendiente. Pues este año yo no he necesitado hacer esto. ¿Por qué? Porque esta es prácticamente la rutina habitual de trabajo con GTD. David Allen, en su libro que da nombre al método, se pregunta si no sería bueno trabajar todos los días como se trabaja los días previos a las vacaciones. ¿No te gustaría tener a diario la sensación de que la jornada te ha cundido? A mí, al menos, me da un “subidón” cada vez que tengo esa sensación. Pero lo mejor es que no he tenido que hacer ningún esfuerzo extra antes de irme de vacaciones. Nada de estrés. Las cosas ya estaban bajo control en mi sistema de gestión personal.

¿Y a la vuelta de las vacaciones? Pues lo mismo, todo estaba bajo control. Tenía perfectamente localizadas las tareas pendientes, sabía qué “marrones” había que resolver y para cuándo. Y mi mente ha sido en todo momento consciente de ello. No he sufrido ni un solo “flash” de trabajo durante los días de ocio. Las vacaciones han sido todas, desde el primer al último día, para las actividades que yo había decidido, sin que lo que me esperaba en el trabajo se me viniera a la cabeza. Nada de estrés, ni “depre” postvacacional, ni cosas de estas que suelen escucharse en el mes de septiembre. El primer día de trabajo hice “clic” en mi mente, abrí mi agenda y mi lista de próximas acciones y listo!… modo on.

Sí que es verdad que, después de un mes con el ritmo cambiado, las energías se agotan con más facilidad a lo largo del día. Pero lo bueno es que ahora, con GTD, decido a qué me dedico en los momentos en que estoy “por los suelos”. Y es que esta es

Hoy es 29 de septiembre, día de huelga general en España. Y yo hago huelga. No voy a explicar aquí cuales son mis motivos para sumarme a la jornada reivindicativa, sólo comentaré, como he dicho por Twitter, que no podía quedarme sentado en mi despacho, siguiendo con mi rutina de trabajo, un día en el que se protesta por el desmantelamiento del modelo de Estado de Bienestar que yo había heredado, y que mis hijas no conocerán. No quería sentirme cómplice de las reformas que se están llevando a cabo, no sabría cómo explicárselo después a mis hijas.

Pero he querido aprovechar este día de huelga, en el que no voy a trabajar, para reiniciar la actividad en el blog. Actividad que había quedado en “stand by” desde hace ya más de dos meses.

Poco antes de las vacaciones, leí un artículo de Daniel Aguayo en El Canasto en el que planteaba que “cuando hagas las cosas de forma distinta harás reajustes en tu pensamiento”. Como en todo esto soy un aprendiz, lo que hago es que cuando leo algo que me resulta interesante y lógico intento ponerlo en práctica. Y eso hice en esta ocasión. Se me ocurrió que podía aprovechar las vacaciones para cambiar los hábitos, probar cosas distintas y desconectar.

Ya tenía decidido estar durante las vacaciones en modo off. Porque la web 2.0 tiene muchas ventajas, pero también algún inconveniente. Y para mí el fundamental es que, sin darte cuenta te enganchas. Es fácil que, si no estableces unos límites, te pases varias horas al día navegando, leyendo, comentando, conversando. Horas que posiblemente estés “robando” a otras áreas de responsabilidad de tu vida personal. Pues, como te decía, yo había decidido pasar las vacaciones off, y dedicar mi tiempo única y exclusivamente a mi familia.

Pero después de leer el artículo que te comentaba decidí que, a la vuelta de las vacaciones, cuando retomara la rutina, pondría en cuarentena mis hábitos. ¿De verdad todo lo que tengo costumbre de hacer me aporta algo?, ¿me suma o me resta valor añadido? No sé si a ti te habrá pasado, pero yo a veces tengo la sensación de que me embarco en cosas, a las que tengo que dedicar un tiempo precioso, y que se van incardinando en mi rutina, sin pensar qué me está realmente aportando.

Así que he probado a eliminar de mi rutina, durante este tiempo, las actividades que no tenía certeza de que me aportaran algo; entre ellos este blog. Y he esperado a ver qué sentía conforme iban pasando los días. Umm! Me ha gustado la experiencia. Es curioso cómo el mismo cuerpo te va pidiendo que vuelvas a hacer algunas cosas que ya tenía costumbre de hacer. Sientes el “mono”. Y lo bueno es que al retomarlo lo haces de nuevo con ilusión, con energías renovadas.

Pero, claro, este experimento lo puedes hacer en la faceta personal de tu vida. En el trabajo, en tu faceta profesional, hay actividades de tu rutina que no puedes dejar en cuarentena. Las vacaciones se terminan y desde el primer día que vuelves al “curro” tienes que recuperar tu actividad. El periodo comprendido entre los últimos días de las vacaciones y los primeros de retorno al trabajo ha sido siempre para mí un poco especial. Después de casi un mes sin pasar por la oficina, en la antesala de la vuelta, no podía evitar que se me vinieran a la cabeza algunos de los “marrones” que me esperaban. Después venía el estrés por intentar ponerme al día. Una sensación de inseguridad me envolvía, ¿tenía bajo control todos los asuntos pendientes? Tengo mala memoria, lo sé. Y eso me hacía sentir continuamente que se me escapaba algo.

Este año ha sido el primero en que volvía de las vacaciones aplicando el método GTD. Ya de por sí los días previos a las vacaciones, los últimos día de trabajo, había notado los beneficios de GTD. Si eres como yo era antes, los últimos días previos a las vacaciones querrás dejarlo todo atado. Empezarás a repasar todo lo que tienes pendiente, a clasificar y anotar cosas para recordarlas a la vuelta… y sentirás que te has pegado un atracón de trabajo en el que, sin darte cuenta, habrás conseguido hacer algunas cosas que llevaban semanas, o incluso meses, pendiente. Pues este año yo no he necesitado hacer esto. ¿Por qué? Porque esta es prácticamente la rutina habitual de trabajo con GTD. David Allen, en su libro que da nombre al método, se pregunta si no sería bueno trabajar todos los días como se trabaja los días previos a las vacaciones. ¿No te gustaría tener a diario la sensación de que la jornada te ha cundido? A mí, al menos, me da un “subidón” cada vez que tengo esa sensación. Pero lo mejor es que no he tenido que hacer ningún esfuerzo extra antes de irme de vacaciones. Nada de estrés. Las cosas ya estaban bajo control en mi sistema de gestión personal.

¿Y a la vuelta de las vacaciones? Pues lo mismo, todo estaba bajo control. Tenía perfectamente localizadas las tareas pendientes, sabía qué “marrones” había que resolver y para cuándo. Y mi mente ha sido en todo momento consciente de ello. No he sufrido ni un solo “flash” de trabajo durante los días de ocio. Las vacaciones han sido todas, desde el primer al último día, para las actividades que yo había decidido, sin que lo que me esperaba en el trabajo se me viniera a la cabeza. Nada de estrés, ni “depre” postvacacional, ni cosas de estas que suelen escucharse en el mes de septiembre. El primer día de trabajo hice “clic” en mi mente, abrí mi agenda y mi lista de próximas acciones y listo!… modo on.

Sí que es verdad que, después de un mes con el ritmo cambiado, las energías se agotan con más facilidad a lo largo del día. Pero lo bueno es que ahora, con GTD, decido a qué me dedico en los momentos en que estoy “por los suelos”. Y es que esta es otra de las cosas que me gustan del método. La energía que tengas en cada momento es uno de los criterios para decidir qué haces.

Pero no te creas que GTD me gusta sólo porque me haya eliminado estrés laboral. En la faceta de mi vida personal es quizás en la que más estoy notando los beneficios de este método. Sé a qué cosas le quiero dedicar tiempo y a cuáles se lo dedicaré más adelante. No olvido realizar algunas compras cuando estoy cerca de la zona en la que se encuentra la tienda a donde tengo que ir. Y estoy consiguiendo hacer cosas que desde hacía años me había dicho “a ver si algún día puedo…”. El “a ver si…” está desapareciendo de mi vida.

¿Y a ti, te domina el “a ver si…”?

otra de las cosas que me gustan del método. La energía que tengas en cada momento es uno de los criterios para decidir qué haces.

Pero no te creas que GTD me gusta sólo porque me haya eliminado estrés laboral. En la faceta de mi vida personal es quizás en la que más estoy notando los beneficios de este método. Sé a qué cosas le quiero dedicar tiempo y a cuáles se lo dedicaré más adelante. No olvido realizar algunas compras cuando estoy cerca de la zona en la que se encuentra la tienda a donde tengo que ir. Y estoy consiguiendo hacer cosas que desde hacía años me había dicho “a ver si algún día puedo…”. El “a ver si…” está desapareciendo de mi vida.

¿Y a ti, te domina el “a ver si…”?

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